Descripción del municipio "Xico" en el estado de Veracruz
Xico forma parte de la Sierra Madre Oriental y se ubica al este de la
Ciudad de México en el centro del actual estado de Veracruz a 21 Km. de
Xalapa que es la capital del estado.
Xico, la
cabecera municipal, está a una altura de 1320 msnm. La región del
municipio abarca 17.600 ha. o mejor dicho 176.85 km2 y su extensión con
sus límites naturales, hoy día, son idénticos con la antaña provincia
de "Xicochimalco" del imperio "Totonacapan del sur". Cuando llegaron
los españoles, la región era controlada tanto por los Totonacas de la
costa como por los Mexicas (o Aztecas) del Altiplano, sin embargo su
administración fue independiente.
Los
límites del distrito son dados naturalmente: Al occidente por la pared
rocosa del Nauhcampatepetl (Cofre de Perote), al norte por el río
Huehueyapan y al sur por el río Xoloapan, desde el manantial hasta la
unión con el río Huehueyapan por el lado oriente.
En
esta pequeña región el habitante experimenta diferencias de altura
entre 700 msnm. hasta 3000 msnm. Al observar los 4220 m de la altura del
Cofre de Perote uno queda tentado llamar el Naucampatepetl (Cofre de
Xico).
El
clima es generalmente húmedo, templado y abarca desde el clima
subtropical en las regiones bajas hasta el clima templado y fresco en
las regiones altas.
El municipio se subdivide en tres congregaciones o zonas políticas: Coatitilan, Tlacuilolan y San Marcos de León.
Todo Xico se encuentra dividido en 27 distritos pequeños. La ciudad
tiene aproximadamente 27.500 habitantes (evaluación en 2006), el
municipio entero 42.400.
El nombre oficial de la cabecera municipal es: Santa María Magdalena de Xicochimalco.
A principios del siglo XIX la administración porfiriana simplifica el
nombre dejándolo recortado en "Xico". A mediados de agosto de 1519,
Cortes duerme en Xicochimalco yendo desde la costa rumbo a Tenochtitlan
(Ciudad de México) y escribe en su segunda carta al rey de España que
el acceso a esta ciudad fortificada por sus alturas era bastante
difícil de lograr y que allí vivían cerca de 5000 a 6000 guerreros
(campesinos) en los pueblos vecinos.
Esta
"histórica ciudad fortificada " Xicochimalco con el antiguo centro
ceremonial prehispánico, se esconde hoy entre maizales en la cima de un
cerro donde practican la agricultura y el sitio recibe poca atención de
parte del INAH. Los visitantes no sospechan su paradero. El centro
ceremonial se encuentra en deplorable estado y en ruinas completamente.
Al pie del cerro se extiende la aldea cuyo nombre es "Xico Viejo" con
distancia de aproximadamente cuatro kilómetros al norte de la urbe
colonial de hoy. Entre 1525 y 1530 las familias de Xico Viejo se
mudaron hacia el valle, lejos de la ciudad fortificada para evitar
enfrentamientos con los españoles y lo que fue Xicochimalco quedó
desértico hasta apenas unas cuantas décadas se volvió a poblar.
En
1540 llegaron los monjes franciscanos y dieron nueva organización a los
poblados muy a la manera y estilo español, trazando el centro de Xico
Nuevo en forma de una tabla de ajedrez y establecieron barrios y
distritos respectivamente. Para controlar a los indígenas, alrededor de
1580 los españoles empezaban a forzar la población ubicada en los
alrededores – por cierto ya bastante diezmada - a asentarse en la nueva
ciudad. Asimismo los tributos a recaudar para la Corona Española podían
ser mejor controlados. Hay que realzar que los españoles respetaban el
territorio de los Xiqueños en gratitud a su comportamiento de apoyo a
los gachupines durante el proceso de la conquista: los Xiqueños habían
alojado a Cortes y sus soldados pacíficamente, les habían alimentado y
también en lo subsiguiente procuraban evitar enfrentamientos guerreros.
De esta manera, la autoridad española no daba como en otros casos el
territorio como encomiendas a los españoles, sólo había la obligación
de cumplir con los tributos o impuestos a la Corona Española.
Durante
muchas décadas la administración tradicional indígena xiqueña estaba
garantizada sin tener que soportar tanta intervención fuereña. Las
pocas haciendas (latifundios) que a lo largo de los años resultaron
darse, fue por movimientos de compra-venta o por juntar fracciones de
terreno entre diversos vecinos o familiares y entre los distritos
colindantes. En un sólo caso se dio un latifundio por apropiación
injustificada, mismo que en 1875 se resolvió favorablemente en
beneficio al municipio de Xico por la vía legal.
Como
sabemos, Xicochimalco se ubicaba a orillas de la antigua ruta comercial
y de correspondencia que mantuvieron los pueblos indígenas como
Toltecas, Tlaxcaltecas y posteriormente Mexicas (Aztecas), uniendo la
costa del golfo Chalchihueyecan (hoy Veracruz - Costa Esmeralda) con
Anahuac (hoy Altiplano de México). En 1479, los Xiqueños con astucia se
habían rendido pacíficamente a los Mexicas (Aztecas), probablemente en
la creencia que un asentamiento en el paso de la ruta comercial obtiene
más beneficios mediante acuerdos pacíficos que por resistencias
sangrientas.
A
partir del siglo XVI los españoles trasladaron el trayecto tradicional
de esta ruta comercial entre Veracruz y la Ciudad de México, al trazo
actual que corre vía Xalapa - Perote – Puebla, con la finalidad de
privar del poder a los naturales de Xicochimalco, ya que mantuvieron
vigentes los derechos que les había otorgado la Corona. Además les era
importante proveer a Puebla (única fundación española) con ganancia
política y fue allí donde se asentaron muchas casas de comerciantes. De
esta manera Xalapa (Xalla-a-pam), originalmente un caserío sin
importancia y que constaba de diversos asentamientos, hoy todos barrios
de la ciudad, se transformó rápidamente en una ciudad importante
controlada por los españoles, igualmente como Pinahuizapan (hoy Perote)
y otros pueblos ubicados sobre esta ruta. Puebla se transformó en
el centro religioso y la segunda metrópolis más grande después de la
Ciudad de México (hoy superado por Guadalajara y Monterrey).
Mientras tanto Xico y las provincias aledañas perdieron gradualmente en
importancia y tamaño, prácticamente cayeron en el olvido y aunque se
habían asentado en un principio 40 familias españolas aproximadamente
ahí, hubo poco desarrollo económico y fue hasta el siglo
XVII/XVIII, cuando el tabaco, la naranja y el café empezó a predominar
la región, ésta recobró importancia.
Las exportaciones agrícolas a los Estados Unidos, por delante el tabaco
y la carne bovina, dieron diversos auges a la economía de la zona. En
cuanto al ámbito de la medicina, Xico se volvió famoso por la
exportación del laxante "Xalapa" hecho de la raíz de la planta
Escamonea mexicana o Ipomoea Purga, que era un importante producto de
exportación a Alemania, y de igual forma la fibra natural de la planta
"Muhlenbergia macroura" que hoy cayo en olvido, como ejemplo. Todavía
se cultiva Zarzaparrilla de Indias (Smilax officinalis), una raíz que
se usa para producir una limonada parecida a cerveza (en los Estados
Unidos Root-Beer).
De la gran gama de las plantas pristinas salvajes se puede mencionar la
mora mexicana (Coatlamitl) que el soldado Bernal Díaz del Castillo bajo
de Hernán Cortes ya describe como Uva silvestre cuando habla de Xico en
su reporte. La hierba del Anís todavía hoy se busca en las colinas y
los campos para la preparación del famoso licor "Verde de Xico".
Entre la variedad de la flora local de Xico es menester nombrar: El
Tejocote (Crataegus mexicana Moc.) un árbol frutal espinoso de fruta
amarilla, muy aromático; El Capulín (Prunus capuli Cav.), árbol que en
su físico parece al durazno silvestre y cuya fruta sabe a la cereza
europea; Tecapulin (o Texhuate = Conostegia Xalapensis), un arbusto o
árbol pequeño con frutas parecidas a la grosella negra, pero de un
sabor propio, tiene frutas todo el año y existen diferentes especies
que se distinguen en color y sabor; Ricino (Ricinus Communis); el
Equimitl o Colorín (Erythrina L. ?), cuyas flores alargadas de color
rojo intenso (Gasparitos) se cocinan juntos con huevos como albóndigas
o hamburguesitas y cuya corteza antiguamente suministraba el colorante
amarillo, mientras las hojas y semillas generan un tóxico medicinal; La
Yucca (xiquensis), cuyas estampitas blancas altas se cocinan para
preparar una comida rica; Óxil (liquidámbar), que en nuestros días se
propagó en todo el mundo como árbol para adornar calles, banquetas y
parques.
La
lista podría extenderse sin fin: encontramos el Chinini, una especie de
aguacate grande; el Jenecuil, cuyas semillas sabrosas llenas de pelusa
blanca se chupan; la Berenjena de las indias, una fruta morada o roja
de árbol en forma y tamaño de huevo de gallina que tiene un sabor entre
jitomate y manzana; la Poma Rosa (una cereza comestible con fuerte
sabor a perfume de tocador); el Zapote negro, la Chirimoya y muchos más.
El valor comercial de los terrenos en esa región se ha vuelto alto y a
veces incosteable para los lugareños por la constante demanda en los
últimos años. Las ventajas de los terrenos consisten en el riego
natural durante todo el año, lo que hace lucirlos siempre verdes;
su clima permanentemente primaveral que conforta al hombre igual
como los agradables aires de la montaña que ayudan al corazón ya que el
cielo constantemente es purificado y refrescado por las brisas que
suben desde el mar. Las lluvias frecuentes y el famoso "Chipichipi"
produce infinidad de nacimientos de agua, arroyos y cascadas que
especialmente en las zonas altas conservan su transparencia y pureza.
En promedio se cuentan en Xico 152 días de sol contra 213 días nublados
o lluviosos. Esto no deprime ya que los aromas que emana esta
naturaleza sea confortante, además que el poblador siempre tiene algo
que hacer y no anda de ocioso.
Los vecinos de la ciudad de Xico por lo regular son mestizos con sangre
indígena predominante. Las tradiciones son muy arraigadas y durante los
siglos pasados se mezclaron con las costumbres de inmigrantes y
prácticas de la religión católica. Las múltiples fiestas de Xico que
semanalmente son realizadas a través de sus mayordomos, son un
manifiesto del folclor y profundas creencias de la población,
practicando bailes con vestimenta de origen prehispánica,
peregrinaciones y rituales en el pueblo, muchas ceremonias dignas de
admirarse.
Apenas en 1942 se construye la primera carretera asfaltada de Coatepec
a Xico, sustituyendo la vía férrea que existía como medio de
comunicación. Los caminos rurales en los alrededores de Xico de buena
suerte son empedradas, pero en mayor parte son engravadas con tezontle
rojo o piedra caliza o simplemente son de terracería, lo que impide el
transito durante las lluvias. De esta forma todavía se conservan los
senderos para caballos y bestias. Lo último aplica primordialmente a la
región central y alta de Xico.
El 11 de Enero del año 1956, Xico recibió el calificativo político de Municipio.
Actualmente, la región tiene el enfoque para desarrollarse como zona
turística durante las épocas de vacaciones y para paseo durante los
fines de semana como opción predilecta para la ciudad Xalapa y en lo
más extenso para toda el área de México Central. El paisaje, la
espiritualidad, su originalidad, especialidades culinarias
(Chilacayote, Xonequi, Tamal Ranchero, Mole de Xico, Chileatole, Verde
de Xico etc.) y sus fiestas cuentan entre sus atracciones, igualmente
la amabilidad de los habitantes, la ejemplar limpieza y tranquilidad de
la ciudad, el aspecto urbano colonial del siglo XVII, puentes,
balnearios a las orillas de sus ríos y las asombrosas cascadas
(especialmente la de Texolo donde Hollywood ya rodó varias películas).
En muchos establecimientos caseros los lugareños ofrecen productos
agrícolas como diversos licores de frutas (El verde y La Mora),
productos enlatados (Mole de Xico, Chipotles y otros chiles), galletas
y pan hecho en horno de madera, artesanías de madera (como los
fruteros), muebles de bambú (parecidos a muebles de mimbre), accesorios
de cuero para animales, algunos productos de alfarería, máscaras,
tallados y figurillas en madera de raíz de los cafetos y ni en último
lugar la venta del sabroso café aromático con calidad de altura.
Xico también atrae a científicos, ejemplo son biólogos excelentes que
estudian la biodiversidad de las plantas del bosque de niebla antes de
caer víctimas del desmonte y descuido por el hombre. Todavía se
encuentran gran variedad de especies de pájaros y de serpientes y en
las profundas barrancas y en las faldas del extenso Naucampatepetl
(Cofre de Perote) se esconden animales como tejón, toche o armadillo,
tlacuache, tuza, mapache, coyote, ozelote por sólo nombrar algunos.
La gran ladera de la sierra de Xico captura y frena la mayoría de las
nubes que se elevan desde el mar produciendo envolturas de neblina y
dando así un toque continuo de misterio al paisaje perenne y un
aspecto de antaño con sus helechos que sobrevivieron los tiempos
primitivos de las edades de la tierra. A esto se agrega el trabajo de
curanderos y brujos que conocen del valor de las plantas medicinales
del monte y ofrecen esperanza al enfermo que desea ser curado con la
medicina alternativa natural. Por tanto no nos asombra encontrar
ceremonias con baños curativos en el Temazcal en esa zona.
La mayoría de los santos conocidos del canon católico tienen su lugar
en Xico, aunque a veces con una faceta prehispánica. Pero nada es
igual cuando se celebra Magdalena, la santa de la ciudad. Cada semana
el mayordomo le pone un vestido nuevo a la adorada mujer en madera que
figura en la iglesia. Su ajuar o ropero ya es tan significativo ante
los ojos asombrados del visitante, los vestidos más sobresalientes
desde el siglo XVIII donados por los habitantes del lugar, compiten
en el museo anexo a la iglesia, donde están expuestos. Eso no es
todo, durante las fiestas principales en Junio el esfuerzo de los
distintos barrios realiza una alfombra hecho de aserrín teñidos y
flores que lleva varios kilómetros a lo largo de la calle principal.
Después de los desfiles religiosos y los bailes indígenas se lleva a
cabo la Xiqueñada (similar a la pamplonada española) con recorridos
dentro del centro de la ciudad, cuya alegría se opaca a veces por
cobrar cada año algún que otro muerto. Sin embargo cada temporada del
año es encantadora y cada fin de semana regala a la ciudad una fiesta,
aunque llueva, aunque la niebla prive la vista o el frío repentino del
"norte" (vientos nórdicos desde Canadá) empuje a los visitantes hacia
las cocinas para consolar con sus tentaciones olorosas.
Para caminar o ir en caballo, en búsqueda de vestigios prehispánicos o
sólo para disfrutar del espectáculo de la naturaleza, de la flora
exuberante y del mundo de las montañas – por donde se vea, Xico ofrece
la garantía de pasar unas vacaciones sin precedente.
Y recuerde, según la leyenda, quien tiene la suerte de ver durante su
visita al siempre en nubes escondido Citlaltepetl (Pico de Orizaba) con
su impresionante corona de nieve, este visitante sin duda alguna,
tendrá que regresar a Xico, siempre o incluso vendrá para quedarse.